El viento norte recibe la denominación de tramontana, ya que viene de más allá de las montañas que cierran el borde septentrional del Mediterráneo. Gregal es el viento del noreste, originario del ámbito griego, es decir, del Mar Egeo, mientras el levante procede del este, donde en su movimiento aparente, y en realidad por la rotación terrestre, nace o se levanta cada día el sol. Rumbo sureste es el del siroco o jaloque (xaloc en las costas valencianas, catalanas y baleares); la etimología originaria es Syriacus, que hace referencia a Siria desde Creta. Para el viento del sur se emplean, inditintamente, los nobres de africano, ostro o mediodía. Por idéntico motivo al indicado para el levante, el viento del oeste es el poniente, por donde, en su movimiento aparente, se acuesta, encuentra su ocaso o se pone elsol.
Del suroeste llega el lebeche o garbino, voces ambas de origen árabe. Vuelve a resultar imprescindible el recuerdo de Creta para explicar las designaciones de mistral, minstral, maestral o maestro aplicadas al viento del noroeste, ya que al noroeste de la isla queda Roma, capital del imperio y “maestra de gentes” (magistra gentium). El mistral es terrible, ya que en ocasiones, por el triple efecto catabático, de gradiente horizontal de presión, y tobera sopla con las fuerzas más elevadas de la escala Beaufort, motivando mar arbolada, montañosa o, incluso, de gravísimo peligro. Este viento del noroeste, canalizado por el valle del Ebro, recibe el nombre regional de cierzo.
En los meses de verano los vientos predominantes son los de componente sur.