Es como si tuviera un reloj biológico, pero me quedo en la cama dando cuenta de un nuevo cuento marino.
Amanece nublado, sin pizca de viento, me postro en dirección a la Meca y pido al Todopoderoso que me conceda poder subir el barco a tierra.
Pongo un CD de las BACHIANAS BRASILEIRAS de Aitor Villalobos, acorde con el carácter lánguido del ambiente. Después de desayunar cambio a otro de REGGAE, que me anime a subir lo comprado al barco. Poco a poco todo va encajando, siempre me asombró esa capacidad elástica que parece haber en los barcos, cada hueco tiene su relleno, el espacio queda aprovechado como si los cuerpos rígidos se amoldaran los unos a los otros.
Cruzo los dedos y me dirijo al astillero, para formular la pregunta trascendente: ¿Qué hay de lo mío? En función de la respuesta planificaré mi jornada.
Desearme suerte, estamos en manos del Omnipotente, somos comos hojas sopladas por el viento. Se ve que el Islam y su fatalismo va calando en mi personalidad, es una absorción lenta pero inexorable, una ósmosis continua, necesito salir rápido de estas tierras antes que el proceso sea irreversible.
Pues bien parece que se ve una lucecita en el horizonte, pudiera ser que allá a medio día pudieran sacar a la GAMBITA del agua, por lo menos los tres barcos de Su Majestad ya están en el agua.
Me dedico a limpiar los bronces con limón, que es el sistema tradicional de tenerlos lustrosos, es necesario dar patente, cambiar el aceite del motor, pero también que las maderas y metales luzcan su color. Lo que se ve por lo oculto, demuestran el cuidado en el material.
En el reajuste de alimentos, he descubierto una partida olvidada y naturalmente caducada, como no ha pasado mucho tiempo, hoy me voy a regalar con un “pollo a la indiana con arroz” así que si mañana no escribo es que hay que tener en cuenta lo de la caducidad y no tendré mas remedio que tirar todo lo separado, suponiendo que tenga fuerzas para ello. Pienso en los marineros antiguos que se comían las galletas agusanadas, las ratas salían a subasta y hasta el cuero reblandecido en agua servía para entretener la gazuza. Así que no creo que pase nada, como medida precautoria, voy a doblar la ración de alcohol, pero sin pasarse, no vaya a ser que no sea capaz de meter el barco en le varadero.
Al Caiola con sus guitarras me da ánimos, mientras salta el levante y el cielo sigue encapotado, debería alegrarme, ya que suele durar unos siete días, dos de calma y pasa a poniente, según la rutina clásica, con lo que tendría suerte para cruzar el estrecho, de todos modos queda tanto tiempo…
Mientras escribo oigo una voz. ¡Ah del barco! Al salir me encuentro a mi amigo el marinero Abderraman, enviado por la capitanía para ayudarme a mover el barco, nos saludamos con un abrazo y dos besos, habla un perfecto español; es el que le echa un ojo al barco en mis ausencias.
Sin problemas lo llevamos hasta el varadero en espera que venga la grúa, pero ya tengo la certeza que hoy se hará, así que me dispongo a esperar tranquilamente.
Un rato después aparece la grúa que iza el barco como una pluma a pesar de sus 24 Toneladas de desplazamiento. Aquí le vemos colgando de la braga.
Me posan en tierra, pero… el que limpia el casco no puede venir hasta la tarde, por lo que dará tiempo a que se seque toda la vegetación marina adherida al casco, parece mentira la afición que tienen algas y animalejos a hacer su morada en la pintura y eso que debe tener todos tipo de venenos.
Voy lavando las defensas y procurándome una escalera para poder subir al barco, arreglo el enchufe del pantalán que no funciona. Luego voy a ver como suben un enorme yate. Por cierto todavía no os he presentado la MARINA SMIR, ahora lo hago.
Perdonar un momento oigo ruidos afuera, ¿será tal vez el de la hidromáquina? Pues, así que me dispongo a controlar su trabajo por aquello de que “el ojo del amo engorda al caballo” aunque en este caso de lo que se trate es de eliminar todos los residuos, para poder dar una capa de patente en buenas condiciones.
Os mantendré al tanto de esta fase un poco coñazo, pero necesaria para la venidera de navegación.
Me despierto de buena mañana, un arrebol en el horizonte anuncia el sol, pero ha hecho fresco, bien es verdad que todas las escotillas estaban abiertas, me preparo el desayuno, empiezo a fregar y limpiar haciendo tiempo para que sean las 10 (8 marroquíes) y llegue el personal del astillero. Parece que no hay viento, mejor para la maniobra. Quito los ánodos de fondeo que habrán protegido las partes metálicas de las corrientes galvánicas.
8 en punto, me presento en el despacho de Luis, el responsable del astillero, como siempre le encuentro de mal humor, resulta que han tenido estropeado el travel-lift (grúa para subir y mover los barcos) desde hace tres semanas, consecuencia: se les acumula el trabajo; para colmo de males, han venido los tres barcos del Rey, esos por supuesto tienen prioridad absoluta, así que no sabe si podrá subirlo hoy. Paciencia, resignación, Alá es Grande y Él proveerá.
Me pongo un disco de guitarra bien animado, agarro el pulidor de metales y dale que te pego a todo el acero inoxidable, parece mentira pero se oxida que da gusto. No lo hago tan perfecto como Ofra, pero me cunde lo suficiente, para que al menos “lo gordo” haya salido antes de la hora de la comida, así que satisfecho de mi obra, con la conciencia tranquila de haber hecho lo que podía, me dispongo a trasegar una cervecita tranquilamente mirando al mar, hay que tomar las cosas con calma, como vienen, en este caso acompañado de unas tostadas con paté, que empieza a hacer hambre. Me preparo la comida: 5 chuletillas de cordero (al cambio, dos euros) con unos calabacines enanos a la plancha con curry, de postre cerezas. La tarde puede ser larga y me tiene que coger preparado.
Después de comer nada mejor como un poco de Bach, esa música relajante que te transporta. Me doy ánimos y vuelvo al astillero para plantear esa manida pero siempre interesante pregunta: ¿qué hay de lo mío? Pues al parecer nada de nada, mañana será otro día. Me empiezo a cabrear, pero hago un esfuerzo, me transformo en un seguidor del zen y por fuera solo sale una sonrisa beatífica. Espero que sea la política correcta y no me tomen por un pusilánime.
Vuelvo al barco y decido empezar a remover todo el viejo barniz, agarro la lijadora como Rambo su ametralladora dispuesto a no dejar un ápice de la vieja cobertura, aunque me inunde de polvo, “polvus eris et in polvus reverteris” dicen las escrituras, así que ¿qué mas da un poco mas, o un poco menos? Aunque sea química total.
Tengo que cambiar la música, Bach no me ayuda para nada, me inclino por una rumba, parece que así lijaré mejor. Me levanto, dejo atrás la pereza, la molicie que me marcan otro destino, salgo al sol provisto de gafas y gorro, seguridad en el trabajo ante todo. La regala ha quedado bastante bien, ahora tengo que darle un manguerazo a todo el barco para que el polvillo no se convierta con la humedad en una pasta que luego no habrá manera de quitar.
Es hora de darse una ducha y salir hacia Ceuta, para comprar unos pinceles para dar el barniz, papel de carrocero, para tratar de no dejar churretones y aceite para cambiar el del motor por uno limpio.
También es el momento para pertrechar el barco, nunca se sabe si podré volver otra vez. Trámites de frontera como un veterano, a este paso me van a saludar los guardias, los de aduanas y hasta el del servicio secreto.
Paso por las murallas reales, y el canal que comunica el Atlántico con el Mediterráneo, el buen Rey Enrique el Navegante, sigue impertérrito en su ademán, no se muy bien a que se debe tal calificativo, solo hizo un viaje por mar en su vida, pero es verdad que impulsó los descubrimientos de su país. Justo en la frontera hay varios puesto de venta de pescado en salazón son muy típicos de todo el Mediterráneo y una manera tradicional de conservarlo. Al fin y al cabo la mojama es una variedad, de lujo, eso si, pero en esencia el mismo proceso.
Lo de las compras se hace pesadísimo, pero al final tengo el coche bien cargado, cuando vuelvo el de aduanas me pregunta que llevo: “cosas para el barco” ¿Dónde lo tiene? En Marina Smir. ¡Que tenga buen viaje! Con tal bendición, las cervezas, los vinos y algún que otro licor, se sienten en tierra de moros, pero casi cristianos..
Llego al barco tan cansado que solo meto los perecederos o que necesitan frío, el resto se quedan en el coche.
Pongo el concierto de piano de Rachamninoff, y me dispongo a empezar uno de los libros. Se titula CUENTOS DE NAVEGANTES, seleccionados por Juan Bautista Duizende, marino argentino y periodista. El prólogo corre a cargo de Arturo Pérez Reverte, otro gran aficionado al mar, si no habéis leído su libro LA CARTA ESFÉRICA, os lo recomiendo. El caso es que el prólogo empieza así:
Desde que accedí al privilegio de viajar en un velero propio, con el que suelo moverme por el Mediterráneo- navegar por ese mar venerable es hacerlo por la propia memoria…
Envidio la oportunidad que se ofrece al lector de este volumen de enfrentarse por primera vez, si es que las desconoce, a las historias que aguardan amarradas, fondeadas, navegando al garete o en las profundidades del mar, en cada una de estas líneas y en cada una de estas páginas…
El trabajo de rastreo y selección resulta oportuno e impecable, y su resultado es de una belleza que sabrán apreciar tanto los lectores aficionados al mar como los que se conforman –cada uno tiene sus gustos y en materia de gustos no me meto- con mantener asentados los pies en una tierra firme que, lamento ser aguafiestas, no es en realidad tan firme como parece…
Mar y marinos, peripecias, aventuras, reflexiones, vida y muerte en los escenarios sobre los que el hombre navega y escribe desde que existe la memoria. Una forma estupenda de adentrarse en la vasta, inmensa geografía de la literatura naval.
¿Verdad que pinta bien? Seguro que alguno conozco, otros serán novedosos; el caso es pasar páginas llenas de sal, que al ser leídas en el ambiente que le es propio, adquieren todavía mayor relevancia.
La noche está serena, no hay viento ni humedad. Después de cenar me iré a dar un paseo, charlaré con el guarda nocturno, que así tendrá compañía un rato y a mi me contará los cotilleos sobre los barcos del Rey, sobre los que hay una vigilancia por parte de policías de uniforme y de paisano, supongo.
No veo al guarda, pero si algún barco magnífico amarrado, se ve que empieza a haber mas movimiento que en invierno.
Realmente según el reloj de la bitácora son las 21,40, en Marruecos van dos horas retrasados (ellos tienen razón, lo raro es lo nuestro). Pero para mi ha sido un largo día.
Sentado con un gin-tonic a la mano (con limón, hielo y vaso de cristal) miro el reducido espacio que me rodea y que será mi habitat por cuatro meses, como diría mi madre “sarna con gusto no pica”. Lo peor es que los próximos diez días estaré solo. Aunque confío en tener tanto trabajo que caeré rendido. He puesto un CD de flauta travesera del s.XVIII, ese barroco italiano que tanto me gusta, me pongo al teclado para hacer mis deberes, cierro los ojos y evoco mi día.
Salí de Toledo a las 9,30, dejé mi casa, la meseta., Según dicen un pueblo toledano llamado Pelahustán es el punto peninsular mas alejado de cualquier mar, puediera ser cierto. Tomé el camino de Consuegra con sus molinos en el cerro Calderico, poco tráfico, mi viejo Hiunday Sonata, galopa alegremente, como no tiene antena tengo que cambiar de radio frecuentemente, pero voy ensimismado en mis pensamientos y a veces me descubro oyendo un festival de ruidos.
Paso Despeñaperros, cambia el paisaje, el olivo se hace omnipresente, cruzo el Guadalquivir, diviso Sierra Nevada, hoy termina la temporada de esquí, prosigo hasta Málaga allí veo el mar, ¡Talassa Talassa! Grito como los hombres de Jenofonte, al terminar su Annabasis. Llego a Algeciras (Al Jazira) puedo sacar el billete del ferry y aún me queda tiempo para dar un paseo por su casco viejo y sentarme a la sombra para tomar una caña, unos boquerones rellenos y una tapa de rabo de toro, presumo que pasará mucho tiempo hasta que lo cate de nuevo. Vuelvo al puerto, lleno de ferrys que van a Ceuta o Tánger embarco y me voy a la cubierta para ver la maniobra de zarpar, siempre me asombra la docilidad de esos monstruos, aceleran las turbinas y el chorro de agua pulverizada, lo inunda todo, al fondo Gibraltar
Hace un vientecillo de poniente que ya me gustaría coger dentro de diez días. Llegamos a Ceuta, pasando por las esculturas de Hércules tirando las columnas que marcaban el “Non Plus Ultra” a partir de ellas. Se divisa el monte Hacho (una de las columnas, la otra era el peñón de Gibraltar) con sus fortalezas militares que atestiguan el contencioso siempre latente, aunque Ceuta era de la corona de España antes que Granada.
Todo está cerrado, tendré que volver otro día para comprar alcohol, jamón y otras delicias porcinas. Pongo gasolina 30 céntimos mas barata, llego a la frontera y paso sin dilaciones, bien es verdad que no había nadie y la aduanera que me atiende me dice que tengo una moto marca RAW PRAWN que no ha salido de Marruecos, le contesto que es un barco y se aclara la mujer.
Llego a Smir, allí está el barquito meciéndose al compás del viento. Sucio de cagadas de gaviotas y polvo, pero perfecto por lo demás. Por dentro está seco, aunque oliendo a cerrado. Abro escotillas, bajo todo lo que traigo y empiezo a ordenar algo.
Arranco el motor y el generador, todo bien.
Me voy a M’Diq, para poner unos correos diciendo que todo está en orden y comprar algo, pensaba cenar allí, pero hay tanta gente que decido volver a mi “casa”. Los domingos salen todas las familias, miles de niños pululan por todas partes, a este paso el mundo será musulmán en unas cuantas generaciones.
He abierto una lata de hojas de parra rellenas de arroz, que vinieron de Grecia, con una ensalada de tomate y esa cebolla morada tan deliciosa, una cervecita y algo de fruta.
Ahora falta saber que pasará mañana, a pesar de tenerlo avisado en el astillero, aquí nunca se sabe, eso si, jamás te dicen que no, esa palabra no existe.
El día ha terminado, la aventura ha comenzado, como decía Mao en vísperas de la Gran Marcha, siempre se empieza con un pequeño paso. Me vence el sueño.
Se dice que para saber la dirección que lleva un barco hay que mirar a su estela, es decir ver de donde viene, ella nos indica claramente hacia donde va su proa.
Así en mi caso debería mirar atrás y ver de donde vengo:
Cuando hace unos años empecé a interesarme por la navegación a vela, nunca imaginé que iba a terminar convirtiéndome en armador y patrón de un velero como el RAW PRAWN. Bien es verdad que una serie de casualidades me ayudaron a emprender el camino. Unas fueron buenas al principio y terminaron siendo malas, me refiero a la de Osvaldo y EL QUIJOTE, pero sirvió de catapulta. Otras como la de Jaime y Andrés con el PAMALITA OF AVON, Juanjo con el AZABACHE, Luis con el FRECCIA y Pablo con el EMMA K, fueron siempre buenas. Por fin Paco con el NEIDE ELENA, proporcionó “un poco de todo”. En conjunto me han supuesto un buen conocimiento de todo el Mediterráneo y litoral hispano-portugués atlántico.
El caso es que esas experiencias me condujeron a Ofra y su barco, desde las lejanas islas Cicladas, a las exóticas de Marruecos y a partir de ahora hacia otros destinos que con el tiempo se irán alcanzando
Dejando a un lado el transporte del barco desde Bodrum (Turquía) con su anterior patrón a bordo, mi primera actuación como responsable fue desde Palma de Mallorca a Denia, con Pablo y Salvador como distinguida tripulación. Allí hubo que hacer una parada forzosa para que Pablo cambiara un retrete y sustituir la tubería de desagüe de otro totalmente obstruida por cristalizaciones de urea, la parada se aprovechó para reparar el asiento de la mesa de cartas y coser el spi y su calcetín.
Aunque la travesía que de verdad puedo considerar meritoria fue la de Denia a Smir solo con la ayuda de Luis. La hicimos sin tocar puerto y con vientos de hasta 40 nudos, ninguna incidencia, todo perfecto.
En el año 2008 hicimos varias veces el Algarbe, con Carlos, Jesús y Ginnette en primer lugar, luego con Marjo, Martín y Alba y por fin con Ofra, Juanjo, Elisa y María. Por último con Ofra, Vicente, Álvaro y Miguel recorrimos el norte de África desde Ceuta a Melilla y vuelta.
Este invierno he visitado dos veces el barco, una como punto de estancia turística con amigos y otra para llevarlo a Gibraltar y arreglar el piloto automático e instalar un nuevo ploter.
A lo largo de todo el año, he ido preparando el viaje, reclutando y seleccionando la tripulación, que finalmente está ya preparada para cada una de las etapas en las que se divide tan largo y dilatado viaje.
Es ahora cuando verdaderamente empieza. El día 17 de mayo parto hacia Marruecos, con la finalidad de sacarlo del agua, limpiar su obra viva y aprovechar para instalar una nueva sonda y equipo de viento. Además se repararán esas cosillas que con el tiempo se descomponen y en lo posible trataré de embellecer el barco para que reciba a sus tripulantes con el casco y maderas bien pulidas.
El día 28 aterrizarán en Tánger Roberto, Amaia y Aitor, para el 29 salir hacia Motril donde recogeré a Ofra y Luis Fernando. Será en ese momento cuando empiece verdaderamente la aventura.
Redacto estas líneas a modo de introducción para la página que Roberto ha creado y que servirá de enlace común para todos los que estén interesados en la travesía y que se irá actualizando con gráficos y textos que iremos subiendo entre todos, constituyendo de este modo reflejo de la travesía.
Mis queridos tripulantes:
Vaya por delante mi agradeciento a cuantos habéis podido desplazaros a Toledo para compartir una comida y pasar juntos un rato. En mi opinión, para todos fue muy agradable, los viejos amigos confraternizaron enseguida con los nuevos, anécdotas, experiencias y planes se alternaron con lugares, aparatos, etc.
Hubo un recuerdo para los que no pudieron desplazarse. Para ellos como muestra de la reunión y para los que acudieron como recuerdo, os mando algunas fotos.
No puedo por menos hacer una mención especial a Vicente Sediles que nos obsequió a todos con una magnífica gorra con el nombre del barco bordado. Hay una para cada tripulante.
Yo me marcho a Marruecos el 17 de mayo, el 28 llegan en avión a Tánger, Amaia, Aitor y Roberto, si hay posibilidad, el 29 saldremos para cruzar el estrecho y si es posible de un golpe, llegar a Motril para recoger allí a Ofra y Luis Fernando, entonces la aventura habrá comenzado.
Deseo que todos llegárais bien a vuestras casas.
Un fuerte abrazo para todos.
Marcelino