Esta noche ha sido tranquila, aunque no ha dejado de soplar el barco ni se movía. Amanece despejado y fresco.
Ayer Luis Fernando (mas conocido como “el maño”) se marcó una tortilla de patatas, de esas de campeonato, claro que dejó tras de si un rastro de cacharros sucios que a Aitor (era quien tenía que fregar) no le hizo ninguna gracia.
Salimos de la cala y un buen viento nos ayuda a hacer algunas prácticas de navegación a vela, lo que aprovechamos para disfrutar.
Llegamos al puerto con tiempo para poner gas-oil y pagar la factura de una noche, eso si, tenemos el privilegio de estar en el puerto mas caro de todo el Mediterráneo 136, 63 € por una noche, luego se quejarán de que no vienen turistas. El puerto está prácticamente vacío.
Hago unos espaguetis para comer, después de lo cual se impone una siesta y una ducha que limpie nuestros cuerpos para la noche ibicenca que se avecina.
Aitor y Amaia terminan su etapa aquí, es la rueda, unos se van y Flavia llega.
La tarde cae y las luces de la ciudad vieja vienen a sumarse a la luna llena, Ibiza tiene ese glamour de modernidad, de pijerío, pero también es una tierra vieja, que ha dado asiento a todas las civilizaciones mediterráneas, su espíritu flota por encima de “divinos” y “humanos”.
FERNANDO
Bueno, no es oro todo lo que reluce y la última noche en Espalmador fue movidita con viento y mar que terminó viniendo de través y nos movía bastante bien. En vista de las noticias nos vinimos Cala Llonga, en el este de Ibiza y aquí se está bastante más tranquilo..
Tras la caña y la comida que ya ha contado Marcelino, nos fuimos a Sta Eulalia, que está a diez minutos en autobús y se encuentra llena de guiris sobre todo ingleses. Paseíto, unas cañas y para el barco que había que hacer la tortilla. No salió mal pero las he hecho mejores y lo que quedó en la fregadera no fue para tanto y mas teniendo a Aitor al mando de los estropajos. Tras hablar con casa y saber que todo va bien y que Carlota esta en buenas manos con su abuela hicimos una sobremesa mientras Roberto nos pasaba las fotos al pen. A las 24.00 a la cama.
Hoy amanece soleado y con viento. Está previsto que vayamos para la capital pero esto ya es parte del siguiente capítulo. Seguiremos informando.
No puedo dormir tranquilo, hace bastante viento, hay olas y el barco no para de moverse. Aunque tengo confianza en las dos anclas, siempre uno está intranquilo, salgo a mirar si garreamos, aunque lo único que pasa es que borneamos según rola el viento. Mañana pensábamos ir a la parte oeste de Ibiza, pero iremos al Este que estaremos mas tranquilos, o al menos eso espero.
Lo único bueno que tiene levantarse pronto cuando el día está borrascoso es ver amanecer.
Después de desayunar para tomar fuerzas, subimos el motor del dingui a bordo, lo llevamos a remolque mientras vamos a Cala LLonga en Ibiza. El mar está cruzado, pero al pasar los freos se queda mas tranquilo, sacamos las velas y los chicos llevan el barco a mano. Se van las nubes, sale el sol; definitivamente hoy hace un día para disfrutar.
Al pasar frente a la ciudad de Ibiza, llamo por radio a la Marina Botafoch, para reservar amarre para mañana, allí todo está completo. Afortunadamente en la Marina del Puerto Nuevo hay sitio para nosotros, ¡qué alivio!. Vemos la Villa D’alt con su castillo en lo alto.
El viento sube y da opción para hacer algunas buenas orzadas.
Llegamos a Cala Llonga con un viento que no estaba previsto, a pesar de todo se hacen todas las maniobras perfectas y quedamos fondeados a las 12 horas.
Nos vamos a un chiringuito playero, parece que necesitáramos pisar tierra firme. Allí nos tomamos una caña que sabe a gloria, pero hace demasiado viento, nos vamos a un restaurante que hacen pizzas caseras en horno de leña, nos pedimos unos mejillones de entrada, todo estaba bueno.
Vamos al super para abastecernos y todos deciden irse a Santa Eulalia y yo en parte por
el viento tan fuerte que sopla y en parte por descansar un poco me vengo al barco para leer y disfrutar de mi música clásica.
Vienen los expedicionarios y como expertos marineros amarran la auxiliar perfectamente, yo soy solo un espectador, eso significa que van progresando adecuadamente.
El sol se pone y nuestra “gamba” se dispone a pasar la noche fondeada.
Esta será una etapa intermedia, de estancia en estas dos islas, de relax, de poca navegación y mucha playita y chiringuito, eso si de lujo, que aquí viene todo el famoseo, mucho italiano y a ellos les gusta el diseño y la “modernidad”.
Nosotros somos mas “de pueblo” mas “austeros” aunque de vez en cuando no viene mal darse una pasada de diseño.
Hemos dormido en Espalmador, que es una islita al norte de Formentera, allí existe un puerto natural muy utilizado por los veleros para fondear, en verano parece un parking.
Mientras Roberto da de comer un paquete de picos a los peces, con la vana pretensión de enganchar uno, que sería el primero de su vida y por tanto una ocasión memorable, yo escribo, Luis Fernando lee y los demás duermen como benditos.
El día amanece nublado, pero yo creo que despejará, revisaremos el dingui, lo pondremos en el agua, le acoplaremos el motor y nos iremos a tomar los “barros” en una laguna natural, que luego el agua del mar lavará.
El buen Dios se encarga de que el gas griego, que a lo largo de dos años nos ha acompañándonos le diera hoy por terminarse, afortunadamente después de hacer café. Ofra, Amaia y Aitor se van nadando a la playa y el resto a hacer tareas. Por tanto la primera tarea ha sido cambiar tuberías y regulador por otros que pudieran acoplarse a la botella de propano español que teníamos de repuesto. Todas esas operaciones nos han llevado bastante tiempo y ejercitar el intelecto para ir salvando las sucesivas pruebas que se nos presentaban. Una vez conseguido que el fuego llegara de nuevo a nuestro hogar, la siguiente operación ha sido bajar el dingui al agua y ponerle el motor. Todo bien y rápido.
Nos vamos a la playa donde recogemos al resto y nos vamos a la laguna con fondo de barro. Allí nos rebozamos hasta terminar como senegaleses. Los chicos interpretan graciosas escenas del Homo Antecesor, el Neandertalensis e incluso el Sapiens.
Se ponen a secar hasta que el barro adquiere un color ceniza, un baño de mar nos restablece al estado natural.
Volvemos al barco con hambre que como siempre es cumplida y sabrosamente calmada.
En la sobremesa Roberto estimulado por la pesca de ayer, prueba su suerte y he aquí que pesca el primer pez de su vida, ahora tendrá un antes y un después, además de romper su fama de gafe con las capturas.
La tarde discurre plácida a bordo, mientras que fuera se desata un fuerte viento del sur, menos mal que tenemos dos anclas engalgadas, la normal y un rezón pesado con ocho metros de cadena.
Fernando
Amanece en Espalmador con un poco de bruma y nubes que impiden ver un amanecer espléndido.
Hemos tenido tranquilidad para dormir y hoy parece que haremos alguna salida como explica Marcelino mas arriba. Apetece estirar un poco las piernas después de tres dias a bordo. Esperemos que se de bien el dia. Seguiremos informando.
Por fin me he acordado a la hora y he podido conectarme con la RUEDA DE LOS NAVEGANTES, la organización que dirige desde Canarias Rafael del Castillo. A partir de ahora intentaré hacerlo con frecuencia, ya que él tiene información meteorológica y puede ser de utilidad en muy variadas maneras. Frecuencias 13.850 y 14.360 con la BLU.
De madrugada, decido arrumbar a Cala Sahona en vez de a la islita de Espalmador, queda algo mas cercana y es muy bonita, a lo largo del día decidiremos si es el fondeo de la noche o cambiamos al otro sitio.
El viento se va a la popa, abrimos la mayor y ponemos una retenida, recogemos la trinqueta para liberar la maniobra de fondeo, Formentera ya está a la vista. La segunda etapa del viaje terminará en la vecina Ibiza, que junto con ésta forman las: Pitiusas.
Fondeamos sin problemas, si entendemos que tener como vecino a un barcazo de vela con la música (tecno) para mas detalles, a todo volumen, es algo normal.
Ofra, Amaia y Aitor, se van nadando a la playa con la intención de comprar algo, Luis, Roberto y yo nos quedamos a bordo. Por increíble que parezca, pescamos las tres primeras DOBLAS, de la temporada, que una vez fileteadas, puestas en sal gorda, luego algo de limón, ajo, cebollita y aceite, constituyen un aperitivo de primer orden.
Aprovechamos para hacer la colada y otros para intentar pescar
El día está nublado, pero el agua es de ese color turquesa que tanto recuerda al Caribe.
Comemos opíparamente y nos vamos cerca del puerto de la Sabina para poder conectarnos y enviar esta crónica. Luego nos iremos a la playa de Espalmador donde pasaremos la noche.
Fernando dia 4 a las 17.35
Acabamos de fondear en la Sabina viniendo de Cala Saona en Formentera y tras dos dias de navegación desde Almeria. La travesía ha sido tranquila aunque yo a ultima hora lo pasé regular.
En el primer fondeadero se han ido hasta tierra nadando Ofra, Amaya y Aitor. Me he quedado a bordo para hacer la colada y luego un chapuzón en el mar.
Como dice Marcelino hemos tenido al lado un megayate con música a todo volumen que nos ha dado la mañana.
Aquí creo que vamos a estar dos horas y luego vamos para otro fondeadero.
Seguiremos informando.
El viento rola al SE lo que nos permite sacar la génova y posteriormente la trinqueta, así que vamos a “todo trapo”, incluso quitamos el motor, para darle a él un descanso y nosotros poder disfrutar del chapaleo del agua en el casco, los crujidos de los cabos y el vibrar de las velas; lamentablemente tenemos que acudir de nuevo a la propulsión mecánica, la eólica no es suficiente: Amaia prepara una comida cuyos efluvios empiezan a soliviantar a la “chusma” que pronto verán colmado su apetito después de tan agotadora jornada.
Después de la comida cada uno se busca su sombra o su quehacer. Roberto y yo nos ponemos mirar la maniobra de fondeo, en esas él ve algo, miro con los prismáticos y vemos una familia de calderones, ponemos proa hacia ellos, enrollamos la génova, cambiamos la trinqueta de banda damos vueltas y mas vueltas a su alrededor procurando no molestarles mas de lo necesario para hacer una fotos y un vídeo, que acrediten nuestra proximidad a estos animales tan sociales.
La tarde transcurre lánguida resbalándose entre nuestros dedos, nada de viento, mar ac
eitosa, una cerveza o un te verde con menta nos recuerda al ya lejano Marruecos, el plan sigue su curso. El atardecer nos sorprende con un velero en el horizonte, ¡lástima que iba a “palo seco”!
Aitor
Me despierto con Amaia al lado que acaba de caer en mi camastro pidiendo el relevo de guardia a las 6 de la mañana. Alla que te voy. Por lo que recibo del resto del equipo ha sido una noche tranquila, nubosa, mar plano y ni un puto barco que llevarse a la boca pa entretenerse.